09 Nov 2010 |
Valmadrid
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| Valmadrid Mil veces quise decir cosas de tí, Valmadrid, de la noche que me sonó tanto tu nombre... Noche de luciérnagas, aquella, en los caminos y enlas paredes, son mis recuerdos de tí, Valmadrid, sin ser tuya la culpa, sino de la Ciento Cinco División de los rebeldes que llegara desde Zaragoza, en tren de vía estrecha a tu estación o apeadero, en plena noche de enero. Ni un destello para mis ojos conservo de la concavidad nocturna, hasta el alba, que fuisteis apareciendo, diseminado, por el leve declive a la llanada. Tu nombre, Valmadrid, no es lo que importa para ser de pura cepa mañico, con todo el Madrid que llevas, ¡rediós! Tampoco supe que algún río tuyo cerca, para ser Val...; aunque el Ebro no está lejos no creo que te pertenezca. Tus aguas son demasiado calcáreas pero tienes un vino chispón y bueno, miel, sin parangón, de tomillares, y oloroso heno en los pajares donde dormimos las quince noches los quintos del treinta y nueva. Las cuatro de la mañana serían al despertarnos de entre el heno, para subirnos a la montaña, hasta el collado, y bajarnos, luego, por la vaguada a los tapiales del cementerio donde las descargas a muerte sonaron...: -¡Vista a la izauierda...! Nos ordenaron, según la fila india avanzaba con dolor y espanto en las almas. Antes ya me prometiera pasarme a los leales, pero aquel crímen lo sentenció sin mirar para los lados. La arenga del Jefe de la División, en la esplanada, tras la matanza, de seguir con el ejemplo de las cinco de aquella mañana, me dió más astudcia para pasarme al otro lado. Y fue a los ocho días de llegar a las trincheras, antes que la Luna saliera mi salto a entre las dos líneas de fuego, sin que nadie me viera. ...Ya estaba en tierras de nadie y los dos frentes dormían, aungque, de cuando en cuando tiros sueltos y hasta ráfagas se cruzaban en plan de alerta, y yo con mi fusil en ristre frente a la oscuridad y el movimento, amigos tomillares del recuerdo. Ocho de febrero del treinta y ocho: estaba ahí yo entre dos líneas antes de salir la Luna pasa pasarme a los leales: Noche fría, cortaba el aire pero yo no lo notaba. No sabré nunca decir lo que sentí mientras esperaba la Luna para aproximarme a los míos y en voz queda decir: ¡no tirar, me paso a vuestras líneas...! El resto de la noche, ya con los míos, fue la emoción tan grande que llega para toda una vida, y yo la he vivido. Con ellos, con los leales, hemos perdido la guerra, y a Francia me pasé al cabo de un año al mando de una compañía, al exilio; pero siempre estuve contento conmigo mismo por compartir con los míos la derrota de la libertad por la tiranía más negra padecida por España. El jefe de la Ciento Cinco División, tenga el epitafio que quiera, si ha mujerto, sentenció a muerte a hojos de españolas antes de ir al propio frente. Noche de enero del treinta y ocho, férreo oscurantismo junto a los Bárbaros del Norte, los moros y los Romanos... y España herida hasta el alma tantos y tantos años..., y aún no se le cerró la llaga. Amosa a túa opinión sobre este artigo
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