09 Nov 2010 |
Recuerdos de Barcelona
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| Recuerdos de Barcelona Te recuerdo de arriba, del Tibidado, desde las ventanas de la escuela, del tiempo de la República, de aquella guerra... Piensa que el tiempo, infinito tiempo... no anuló en nada aquel latido mío de tu lucha denodada de las once de la noche a las dos de la mañana: de día no se atrevían los cobardes invasores. Te guardo, Barcelona, en la visión de aquellas horas, de tu inmaculado cielo mancillado, y contigo eché mi alma al aire y allí esta a estas horas, recordando y amando, ahora, de un mar a otro, de A Coruña a Barcelona, Flores eternas en costa y costa. Pasaron cincuenta y tres años, creciste y ya no serás la misma: calles nuevas con distintas memorias que ya no les dirán nada viejas historias. Pero yo sé que estais ahí, Rambla de las Flores; la Plaza de Cataluña con su bella mujer en piedra; la calle de Montaner, subiendo arriba a la Plaza de Vilanova, donde yo tomaba mi chocolate de algarrobas, al subir o al bajar de la Academia. La Diagonal, tan larga y recta era la de los domingos, a las mañanas, en los desfiles de ida y vuelta de las conferencias del comandante Mota. Olvidé el cien a dond íbamos y las mismas conferencias...; pero no así la Diagonal a nuestro paso, engalonada de fiesta: pañuelos, palmas y víctores a las mil seiscientas banderas de tricolor (dos en cada alumno en gorra y guerrera) desde ventanas, balcones y aceras. No te hablo, Barcelona, de Bellos amaneceres ni de tardes de incendios irisados: mi tacto estaba en tus llagas cuando bajaba a las Ramblas, y para el índice de Colón era mi primera mirada, y allí le veía acusando a los fascistas y a los bárbaros alemanes, y estas veces pensé que el dedo de Colón no engañaba. (escrito en 1991) Amosa a túa opinión sobre este artigo
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